
El Brighton es uno de los proyectos tácticos más admirados de Inglaterra: un club que convirtió una idea de juego —la posesión y la salida de balón— en una seña de identidad que sobrevive a los entrenadores. De Graham Potter a Roberto De Zerbi y ahora Fabian Hürzeler, repasamos con pizarras cómo juega The Seagulls.
Cuando Roberto De Zerbi llegó al Brighton en 2022, heredando el trabajo de Graham Potter, elevó el fútbol de posesión a un nivel casi científico. Su sello fue una salida de balón desde el portero tan paciente como provocadora: pases cortos, jugadores quietos sobre el balón, esperando a que el rival saltara a presionar para superarlo de un solo pase.
La idea no era tocar por tocar, sino atraer para romper. El Albion invitaba a la presión rival y, en cuanto mordía, filtraba el balón entre líneas hacia sus mediapuntas y liberaba a extremos como Kaoru Mitoma en el uno contra uno. En 2022/23 firmó un histórico 6º puesto y su primera clasificación europea.
Con el balón ya en campo rival, el Brighton desplegaba un juego posicional de manual: sobrecargaba un costado para atraer defensas y cambiaba la orientación al extremo aislado en la banda contraria. Ahí, con espacio, un Mitoma o un Adingra podían decidir el partido en un 1v1.
Hürzeler llegó en 2024 con la etiqueta de entrenador más joven de la Premier y, lejos de arrugarse, mantuvo el ADN del club: posesión, salida elaborada y juego posicional. La base de De Zerbi seguía intacta.
El matiz lo puso en la intensidad: una presión alta más agresiva y coordinada para recuperar el balón cerca del área rival, con variantes de línea de tres para dominar tanto la fase con balón como la reacción tras pérdida. Misma alma de posesión, un punto más de músculo.
El gran reto de Hürzeler es sostener el nivel pese a la sangría de talento: cada verano el Brighton vende a alguna de sus estrellas —la última, João Pedro al Chelsea— y debe recargar con nuevas apuestas de datos sin perder identidad.
El segundo foco es el equilibrio entre posesión y riesgo: sacar el balón desde tan atrás regala ocasiones si falla un control, y presionar tan alto deja espacios a la espalda. Bien ejecutado, el Albion domina; mal ejecutado, se expone. Ahí está la línea que separa a un buen Brighton de uno brillante. ⚓
El Brighton ha convertido su idea de juego en una institución que sobrevive a los entrenadores. Potter la plantó, De Zerbi la llevó a Europa y Hürzeler la sostiene con un plus de intensidad. Detrás, siempre, el modelo de datos de Tony Bloom: comprar barato, desarrollar, vender caro y no tocar jamás la seña de identidad — la posesión. La 26/27 dirá hasta dónde llega esta vez el laboratorio de la costa sur.
Iker López ⚓