
Cuando Mikel Arteta fue nombrado entrenador del Arsenal en diciembre de 2019, el equipo ocupaba la décima posición en la Premier League tras 17 jornadas, a siete puntos del cuarto puesto y con 27 goles ya encajados. Seis años después, el desenlace no puede ser más distinto: el Arsenal cerró la 2025/26 como campeón de la Premier League con 85 puntos y siete de ventaja sobre el Manchester City, levantando su primer título de liga desde los Invencibles de 2003/04 —22 años de espera.
Tras tres campañas consecutivas como subcampeón —compitiendo contra un City ganador de cuatro ligas seguidas y un Liverpool que arrebató la corona a Guardiola en dos ocasiones—, el Arsenal de Arteta por fin rompió el techo y se coronó en Inglaterra, sostenido por una defensa de época: 19 porterías a cero y el Guante de Oro para Raya por tercer año seguido. En Europa, en cambio, el desenlace fue cruel: alcanzó la final de la Champions —la segunda de su historia, la primera desde 2006— y volvió a caer, en los penaltis ante el PSG (1-1, 4-3 en la tanda) en Budapest.
Con balón, el 4-3-3 muta a 4-2-3-1: Zubimendi ancla el pivote, Rice se suelta como box-to-box por el interior izquierdo y Eze ataca entre líneas por el derecho, con Saka y Trossard fijando la amplitud.
Arteta mantiene el 4-3-3 y el 4-2-3-1 como sistemas principales, alternando ambas estructuras conforme el ataque evoluciona desde la fase de inicio hasta la de finalización. En ese patrón, Declan Rice toma posiciones adelantadas con un rol box to box: parte del doble pivote en la salida y se incorpora después al ataque. No es casualidad que sus envíos al último tercio (8,05 por partido) y al área (2,2) por 90 minutos hayan crecido respecto al 5,3 y 1,95 del curso anterior.
Arteta ha integrado los movimientos de Rice con los de otros atacantes, incluido Eberechi Eze, llegado en verano del Crystal Palace. Empezó jugando por la izquierda, pero cada vez pesa más como mediapunta entre líneas. Como Rice se despliega por el perfil izquierdo del doble pivote junto a Martín Zubimendi, sus carreras apuntan al pasillo interior izquierdo; desde ahí, Eze tiene libertad para atacar el interior derecho, donde combina con Bukayo Saka y el lateral Jurriën Timber.
Leandro Trossard, por la izquierda, se sincroniza con los avances de Rice y lo habilita con pases al último tercio. Y Viktor Gyökeres es el gran beneficiado del apoyo por ambos flancos: los desmarques de sus compañeros —que se sitúan entre los centrales, a su lado o por delante— alivian la presión sobre el sueco y le permiten aislar a un central concreto para atacar la portería con más libertad.
Frente al repliegue: línea alta para comprimir, Calafiori como lateral invertido por dentro, Timber desdoblando por fuera y los pases incisivos de Zubimendi buscando los pies entre las dos líneas rivales.
El Arsenal se enfrenta con frecuencia a bloques compactos que presionan menos arriba, lo que le ha obligado a evolucionar su modelo ofensivo. Los centrales Gabriel y William Saliba mantienen alta la línea, estrechando el campo: eso permite reaccionar rápido ante una recuperación rival y ayuda a Zubimendi a reciclar el balón con velocidad, moviéndolo a través o alrededor del bloque.
En amplitud, los laterales Timber y Riccardo Calafiori se desdoblan alrededor de sus extremos y aportan centros, sobre todo cuando el extremo ya se ha metido por dentro. Calafiori actúa a menudo como lateral invertido, ocupando posiciones interiores por la izquierda tanto en construcción como frente al bloque bajo; como consecuencia, Trossard termina centrando desde banda mientras Calafiori apoya por dentro.
Esa cobertura interior de Calafiori da fluidez a la circulación de Zubimendi y libera a Rice para permanecer alto entre líneas. Desde atrás, los pases incisivos de Zubimendi desarticulan las líneas rivales y conectan con los atacantes en los espacios interiores.
Córner tipo: Gabriel ataca el corazón del área como rematador central, los especialistas aéreos se colocan entre la marca zonal y el portero, y tres hombres cierran el borde para quedarse con la segunda jugada.
Mantener la línea alta frente a bloques bajos genera muchas acciones a balón parado: los rivales se ven obligados a bloquear, disputar y despejar. El dato lo confirma: el Arsenal firmó 19 goles a balón parado en la temporada, la mayor cifra jamás registrada por un equipo en una sola campaña de la Premier League.
En sus córners más peligrosos, el Arsenal genera dos situaciones, ambas centradas en los desmarques de Gabriel hacia el área pequeña. En la primera, coloca a varios especialistas en el juego aéreo entre la cobertura zonal rival y el portero: si el balón cae ahí, ya hay jugadores listos para rematar, mientras Gabriel irrumpe con potencia por el centro, a menudo vigilado por un defensor de menor envergadura. Alrededor, otros compañeros se desmarcan a ambos lados para atacar cualquier envío, con tres futbolistas cerrando agresivamente el borde del área.
En la segunda, Gabriel vuelve a ser el corredor central, arrancando casi solo, mientras el resto se agrupa hacia el segundo palo y ataca el balón a través del área. Esas carreras simultáneas hacia el lado débil son muy difíciles de rastrear para la defensa zonal: liberan espacio para el salto de Gabriel y desordenan a unos defensores casi estáticos. Y si el rival gana el primer contacto, la presión y los jugadores que acordonan el borde del área permiten al Arsenal quedarse con la segunda jugada —de ahí varios goles espectaculares.
Sin balón, 4-4-2: delantero y mediapunta forman la primera línea de presión, los extremos se estrechan para ser compactos por dentro y, cuando el balón va a banda, el bloque salta y bascula con coberturas escalonadas.
Este Arsenal firmó una solidez defensiva de época: 19 porterías a cero en Liga, la mejor diferencia de goles del campeonato (+44) y el Guante de Oro para Raya por tercer año consecutivo. Bajo un 4-4-2 es capaz de presionar arriba y de ordenarse en bloque medio o bajo, y la fluidez con la que pasa de una estructura a otra —sumada a su capacidad para recomponer el dibujo— es clave en esa fiabilidad.
Desde el 4-4-2, delantero y mediapunta forman la primera línea de presión, con los extremos estrechándose para que los mediocentros den apoyo a ambos lados y el equipo sea compacto por dentro. Cuando el balón va a banda, saltan a presionar limitando el pase hacia delante y evitando la progresión por el centro. Si el rival conecta con un pivote retrasado, delantero y mediapunta demuestran una habilidad fantástica para replegar y forzar pases hacia atrás.
Ese balance da tiempo a la pareja de mediocentros a bascular y coordinar coberturas: cuando un extremo se cierra y el lateral salta agresivo, un mediocentro retrocede para cubrir; si un central avanza a presionar, un lateral o un pivote sostiene la estabilidad. La consistencia y la solidaridad en la defensa individual y en las coberturas han sido el sello del equipo esta temporada.
Su hambre en defensa, su agresividad a balón parado y su insistencia para romper bloques bajos terminaron dando el fruto largamente perseguido: el Arsenal de Arteta se proclamó campeón de la Premier League y rompió una racha de tres subcampeonatos consecutivos. En Europa, en cambio, el sueño se quedó a un penalti: cayó en la final de la Champions ante el PSG en Budapest. Un salto de calidad monumental… con una última asignatura pendiente.
Análisis táctico y datos de la 2025/26; conviene verificarlos antes de publicar.