La noche que México rompió su maldición
El Tri vence 2-0 a Sudáfrica en el Estadio Ciudad de México y firma, por fin, su primera victoria en un partido inaugural. Quiñones y Raúl Jiménez abren el Mundial 2026.
⚽ R. Jiménez 67'
🟥 Montes 88' (MEX)
Había una herida vieja en el fútbol mexicano, de esas que no salen en las estadísticas pero pesan como una losa: siete inauguraciones de Mundial, ni una sola victoria. Cinco derrotas, dos empates y un cartel de eternos anfitriones incapaces de ganar el primer baile. Anoche, en un Estadio Ciudad de México con más de ochenta mil voces y la historia entera mirando —era la tercera vez que el viejo coloso abría una Copa del Mundo, tras 1970 y 1986—, esa herida por fin cicatrizó. México 2-0 Sudáfrica. Y la fiesta, ahora sí, empezó por todo lo alto.
No hizo falta esperar. Apenas habían transcurrido nueve minutos cuando Sudáfrica quiso salir jugando desde su propio campo y se topó con la presión del Tri. Erik Lira robó la cartera, levantó la cabeza y encontró a Julián Quiñones dentro del área. El delantero colombiano nacionalizado mexicano no lo pensó: remate cruzado, potente, imposible para el portero. El primer gol del Mundial 2026 lo coreaban ochenta mil gargantas y el Azteca temblaba como en sus mejores noches. La maldición empezaba a resquebrajarse.
A partir de ahí, el guion fue el que se intuía en la víspera: México mandando, Sudáfrica replegada y a aguantar. El Tri pudo sentenciar antes del descanso —Quiñones, en racha, estrelló un balón en el poste izquierdo— y los de Aguirre se fueron al vestuario con la sensación de tenerlo encarrilado. La gran pregunta no era quién dominaba, eso estaba claro; era si el dominio se traduciría en tranquilidad o en uno de esos sustos que tan bien conoce esta selección.
El partido se rompió del todo poco después de la reanudación. Al minuto 49, Brian Gutiérrez se escapaba solo camino del gol cuando Sphephelo Sithole lo derribó: roja directa, el primer expulsado del torneo, y Sudáfrica con uno menos durante más de cuarenta minutos. Con el rival mermado, era cuestión de paciencia. Y la sentencia llegó en la figura más simbólica posible: al 67, Raúl Jiménez apareció cerca del área pequeña para empujar de cabeza el segundo. Su primer gol en una Copa del Mundo, después de tantos sinsabores, de tantas lesiones, de tanto camino. El 2-0 que ponía el partido en hielo y que tenía un punto de justicia poética.
Ni siquiera el tramo final, que tuvo su dosis de dramatismo, logró empañar la noche. Cerca del minuto 88, César Montes vio también la roja directa por una falta como último hombre, dejando a México con diez para los siete minutos de añadido. Pero el susto no pasó de ahí: Sudáfrica, sin pólvora y sin tiempo, no inquietó, y el Tri administró su ventaja hasta el pitido que desató la celebración.
Más allá del marcador, lo de anoche tiene lectura de las que quedan. México exorcizó un fantasma de casi un siglo —desde aquel primer Mundial de 1930— y lo hizo con autoridad, sin el sufrimiento de otras veces. Para Javier Aguirre, que ya había vivido un inaugural ante esta misma Sudáfrica en 2010 y se marchó con un empate, fue también una pequeña revancha con la historia. Y para todos los demás, el mejor de los comienzos: el balón ya rueda, el Azteca ya rugió, y por delante quedan treinta días de fútbol repartidos por tres países.
La Copa del Mundo 2026 está en marcha. Y arrancó como debía: con una maldición rota y una fiesta que no quiere terminar.
Iker López · CaptainBets