
El Arsenal no nació en un campo de fútbol, sino en una fábrica de armas. Siglo y medio después, ese origen sigue latiendo en su apodo y en el cañón de su escudo. Esta es la historia de The Gunners: del Woolwich industrial a Highbury, de la revolución de Chapman a los Invencibles de Wenger, y del largo desierto al regreso al trono inglés con Arteta.
En 1886, un grupo de obreros del Royal Arsenal —la fábrica de armamento de Woolwich, al sureste de Londres— montó un equipo al que bautizaron como Dial Square. De aquellos cañones y aquellos trabajadores vienen las dos señas de identidad que el club arrastra siglo y medio después: el apodo de The Gunners (los Cañoneros) y el cañón del escudo.
Poco después pasó a llamarse Royal Arsenal y, en 1893, Woolwich Arsenal, cuando se hizo profesional y entró en la Football League: el primer club del sur de Inglaterra en dar ese paso, en una época en que el fútbol profesional era cosa del norte industrial.
La jugada que cambió la historia del club no fue un gol, sino una mudanza. En 1913, asfixiado económicamente en Woolwich, el Arsenal cruzó la ciudad y se instaló en Highbury, en el norte de Londres. Dejó caer el «Woolwich» y se quedó en, simplemente, Arsenal.
Aquel traslado plantó la semilla del derbi más caliente de la ciudad. El Tottenham, vecino del norte, vio cómo el recién llegado le pisaba el terreno; y cuando en 1919 el Arsenal fue ascendido a Primera en circunstancias polémicas —por delante de un Tottenham que venía de descender— la rivalidad quedó sellada para siempre. El North London Derby no es un derbi cualquiera: es una herida de cien años.
Si hay un nombre que construyó al Arsenal moderno, es Herbert Chapman. Llegó en 1925 y lo cambió todo: levantó el primer gran título, la FA Cup de 1930, y las ligas de 1931 y 1933. Su muerte repentina, en enero de 1934, no frenó la máquina: el equipo encadenó los títulos de 1934, 1935 y 1938 — cinco ligas en una sola década.
Chapman fue mucho más que un ganador. Fue un visionario: impulsó la formación WM, defendió los focos y los dorsales cuando casi nadie los usaba, rediseñó la camiseta con las mangas blancas que hoy son icónicas (1933) y hasta consiguió que la estación de metro Gillespie Road pasara a llamarse «Arsenal» — la única del mundo con nombre de club. Los marble halls art déco de Highbury fueron el escenario de aquella primera época dorada.
Tras los títulos de posguerra (ligas de 1948 y 1953, FA Cup de 1950), el Arsenal abrió su capítulo europeo en 1970, con la Copa de Ferias ante el Anderlecht: su primer trofeo continental. Un año después llegó la gesta que define a una generación: el Doblete de 1971, liga y FA Cup en la misma temporada, bajo Bertie Mee. En 1979 sumó otra FA Cup en la recordada «final de los cinco minutos» ante el Manchester United.
Los años de George Graham fueron los de la solidez defensiva como religión. Y los del gol más eterno de la historia del club: la liga de 1989 se decidió en la última jornada, en pleno Anfield, con un tanto de Michael Thomas en el minuto final que arrancó a los locales el título de las manos.
Vino otra liga en 1991 (perdiendo un solo partido), el doblete de copas de 1993 (FA Cup y League Cup) y la Recopa de Europa de 1994 ante el Parma. El Arsenal era ya un grande consolidado.
En octubre de 1996 aterrizó un francés desconocido para el gran público que iba a cambiar el fútbol inglés: Arsène Wenger. Trajo dieta, ciencia, preparación física y talento extranjero a una liga que aún jugaba a otra cosa. Con él llegaron los dobletes de 1998 y 2002 y una generación irrepetible: Henry, Bergkamp, Vieira, Pirès.
Y entonces, la temporada perfecta. En 2003-04 el Arsenal completó la liga sin perder un solo partido de los 38: 26 victorias, 12 empates, 90 puntos y un trofeo dorado conmemorativo que la Premier creó solo para ellos. Una gesta única en la era moderna que nadie ha repetido. La cima absoluta del club.
En 2006 el Arsenal se mudó a su casa actual, el Emirates Stadium. El nuevo estadio le dio músculo a largo plazo, pero a corto le impuso un corsé económico que vació la vitrina casi una década.
Ese mismo 2006 llegó la primera final de Champions de su historia, en París — perdida 2-1 ante el Barcelona, con Lehmann expulsado pronto y dos goles catalanes en el tramo final. La gloria continental se escapó por minutos. Después vinieron años de FA Cups como bálsamo (2014, 2015, 2017) y la marcha de Wenger en 2018, tras 22 años en el banquillo. Unai Emery llevó al equipo a la final de Europa League de 2019, también perdida.
En diciembre de 2019 tomó el timón Mikel Arteta, ex capitán del club. Empezó levantando la FA Cup de 2020 y siguió con una reconstrucción paciente que pasó por tres subcampeonatos consecutivos — incluida la liga 2023-24, perdida por solo dos puntos ante el Manchester City.
La cuarta fue la vencida. En 2025-26 el Arsenal volvió a ser campeón de Inglaterra 22 años después, su 14º título de liga, con Arteta convertido en el primer técnico en levantarla desde Wenger. El regreso al trono.
Pero la temporada del título tuvo también su penitencia. El Arsenal alcanzó la segunda final de Champions de su historia, en Budapest, y volvió a quedarse a las puertas: derrota ante el PSG en los penaltis (1-1, 4-3) tras adelantarse con un gol tempranero de Havertz. Gabriel falló el lanzamiento decisivo. La Orejona se escapó de nuevo, esta vez en la tanda más cruel.
Pese a su enorme palmarés nacional, el Arsenal nunca ha levantado la Copa de Europa. Dos finales —2006 y 2026— y dos derrotas, la última en penaltis. Es la única gran asignatura que le falta a la vitrina y la herida que más le duele a su afición.
Fundado en 1886. De rojo y blanco. The Gunners. Highbury primero, Emirates desde 2006. El club de los Invencibles, del gol de Anfield, de la revolución Wenger y, ahora, del regreso al trono inglés de la mano de Arteta. Catorce ligas, catorce FA Cups (récord de Inglaterra), una Recopa y una Copa de Ferias en la vitrina. Todo, menos esa Champions que se le resiste.
Iker López ⚓ — CaptainBets